LOS CENTROS EDUCATIVOS COMO ORGANIZACIONES QUE APRENDEN: UNA MIRADA CRÍTICA

LOS CENTROS EDUCATIVOS COMO ORGANIZACIONES QUE APRENDEN: UNA MIRADA CRÍTICA.

Antonio Bolívar

Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Granada (España)

Comentario de texto a cargo de Silvia Cabero Quesada. Mayo 2020. 

 

El siguiente comentario de texto analiza la obra de Antonio Bolívar – catedrático de la Universidad de Granada, Departamento de Didáctica y Organización Escolar – sobre   los centros educativos públicos y cómo plantear propuestas de mejora del sistema educativo bajo unos parámetros propios de la gestión empresarial, aprendiendo. Cuestiona también si es conveniente que se haga bajo ese prisma y si es necesaria una remodelación del propio modelo empresarial y del concepto de aprendizaje. El libro, Los centros educativos como organizaciones que aprenden. Promesa y realidades, en el que se basa el texto escogido, es del año 2000.

 

¿Qué quiere decir el autor con aprender? Creo que, para avanzar en el análisis del texto, primero se hace necesario definir lo que se entiende por aprender en este caso, enfocado a las escuelas públicas. Según Bolívar, las escuelas están diseñadas para que sean los alumnos y alumnas los que aprenden, pero no el resto de las personas involucradas en dichas instituciones, es decir, profesores, profesoras y otros colectivos que forman parte de la institución, tanto internos como externos. Para que una escuela aprenda tiene que existir un proceso de optimización de la formación, tiene que haber una intención de aprendizaje para todos los miembros de la institución y esta debe estar preparada para los cambios del futuro, para las nuevas demandas que la sociedad exige.

Otros autores que menciona Antonio Bolívar también se refieren a Organizaciones que Aprenden (OA) como aquellas que asumen una competencia nueva, aprendiendo de la experiencia pasada y presente, y corrigiendo errores de manera creativa, aquellas que incrementan su capacidad de aprendizaje de una manera original e involucrando a toda la comunidad que forma parte de ella.

 

Bolívar señala que el aprendizaje ocurre a diferentes niveles: individual, grupal e institucional, es decir, la escuela como conjunto. Si embargo, el aprendizaje ocurre cuando hay colaboración entre los grupos y personas.

 

Otro de los conceptos que explican y crean el aprendizaje, son los estímulos, es decir, las demandas del exterior, de la sociedad, que provoca que una organización aprenda, se adapte a la nueva situación.

Pero ¿para qué aprende una escuela? La finalidad última es la mejora de la experiencia del alumnado, el incremento de su aprendizaje y la calidad e impacto positivo en el aula de todos los procesos llevados a cabo. Poder cualificar la eficacia de la escuela marcará si la organización está aprendiendo o no.

 

Mención especial requiere el modelo de Pearn (1995), basado en un modelo de seis factores como componentes en una organización que aprende, porque, además, este modelo permite situar en qué punto se encuentra la organización.

De manera enunciativa, los seis componentes son: 1/Personas como aprendices. Las personas de la organización están motivadas para aprender individualmente. 2/Cultura favorecedora. Se promueve el aprendizaje continuo y se cuestionan los planteamientos preestablecidos. 3/Visión para el aprendizaje. Contempla la capacidad de la organización para autotransformarse y dar respuesta a las demandas futuras. 4/Incremento del aprendizaje. Fórmulas para aumentar y sostener el aprendizaje entre todos los empleados. 5/Apoyo de la gestión. Que los órganos gestores faciliten el aprendizaje en lugar de controlarlo. Finalmente, 6/ Estructura transformadora. La organización se adapta con agilidad a los cambios. Recompensa la innovación, el aprendizaje y el desarrollo.

 

Con el modelo de las Organizaciones que Aprenden (OA) se quiere promover el aprendizaje proactivo. Este sería, para Bolívar, el atractivo de la teoría de las organizaciones que aprenden.  No ser una mera estrategia de gestión, sino entenderla como un marco orientativo para el desarrollo de las organizaciones proporcionando ideas, procesos y estrategias para orientar cómo los centros escolares puedan aprender y porqué a veces no lo hacen, y esto tenga una permanencia en el tiempo, no sea solo una medida temporal.

El autor habla de una necesaria reconstrucción educativa donde el mercado no debe marcar el aprendizaje, sino que el propio aprendizaje de la organización debe ser un incentivo para que la comunidad escolar se implique.

Por último, hay que destacar las palabras del autor que resumen la idea necesaria para una OA, una organización que aprende exige la capacitación, incremento de profesionalidad y crecimiento intelectual de sus miembros, así como su participación en las acciones, si es que el centro quiere crecer como organización.

 

Dicho todo esto, una vez situados en el contexto, procedamos al análisis desde mi enfoque personal. Comparar las escuelas públicas con empresas es comparar esencias distintas. El fin de toda empresa es sobrevivir y, por eso, ellas sí, están obligadas a modernizarse y a adaptarse a los cambios externos para seguir a flote y en la línea de lo que exige la sociedad. Lo vemos claramente en el ámbito de la sostenibilidad, por ejemplo. Se exige a las empresas que cumplan unos estándares de calidad y protección del medio ambiente. No es aceptable de otra manera. Y se ha presionado para la creación de leyes que obliguen a su cumplimiento. En cambio, una escuela pública, no tiene ese temor, tiene razón de existir por sí misma. Ocurra lo que ocurra en el contexto fuera de ella la escuela seguirá existiendo. Es más, incluso quedarse algo relegada en el tiempo, puede verse por algunos conservadores como buen signo, como algo que aún permanece ajeno e inviolable a la vorágine de los cambios de moda en el tiempo y que tanta esencia hacer perder a algunas cosas.

Sin embargo, los tiempos cambian, y con él, los valores del ser humano en la sociedad cambian de posición, lo que antes ni siquiera podíamos imaginar, ahora ocupa las primeras posiciones en nuestra clasificación, por tanto, las familias tienen ideas distintas a las de otros tiempos de lo que quieren para sus hijos e hijas. Y aquí es donde se evidencia el carácter empresarial de la escuela, a mi entender, en el sentido que los padres y madres son la clientela, y donde el alumnado es un mero instrumento que no ejerce el poder de decisión, al menos, siempre hablando de una manera generalista. Entonces, el enfoque se dirige fuera del alumnado que, en verdad, es quien va a recibir ese servicio, y es quien debería preocupar. Aquí es donde creo que se origina la polémica y la diversidad de opiniones de cómo debe ser y comportarse la escuela como institución pública. Unos mirarán hacia los clientes, hacia qué intereses tienen los clientes para que estos las elijan a ellas y no a otras escuelas. Se convierte, por tanto, en una competición por captar clientela. Exactamente de igual manera como se comporta una empresa privada de cualquier actividad económica. Otros, contrariamente, se preocuparán de las necesidades de los que recibirán el servicio, del alumnado. Unos querrán contentar a todos y otros mostrarán claramente quién y qué les importa.

 

Quienes nos dedicamos al análisis de la sociedad tendemos a ser más sensibles a las desigualdades que existen porque podemos relacionar cómo esas desigualdades perjudican al conjunto de la sociedad, y tratamos de erradicarlas, o al menos, reducirlas. Dado que la opinión del tejido social puede ser muy diversa, las escuelas públicas deberían ocuparse de velar por una educación de calidad universal, sin importar dónde esté ubicada dicha escuela, y el nivel económico por el que se caracterice esa zona.

 

Para que la educación sea de calidad es imprescindible un aprendizaje continuo. Creo que esto es una ley universal, aplicable a todo. El aprendizaje continuo, en todos los ámbitos, si queremos alcanzar un nivel superior, es ineludible. La hipótesis que plantea Bolívar en el texto, sobre si las escuelas pueden aprender según el modelo empresarial, pero reconociendo que no es una empresa y tiene su propia casuística, creo que es muy acertada, en el sentido de que hay que adaptarse a los cambios sociales, la escuela puede y debe hacerlo, tal como lo hace el mercado, evolucionar, pero no a la sombra de cómo funciona una empresa porque el objetivo de una organización y otra, es diferente. La escuela pública debe velar por unos intereses comunes e integradores de toda la diversidad de población. Pero sin ninguna duda, todos los integrantes de la organización deben estar continuamente actualizándose tecnológica e intelectualmente y cooperando conjuntamente. Que todos se sientan valorados dentro de la organización es imprescindible para que funcione sanamente y esta sea productiva, bajo parámetros de humanidad, eficiencia y eficacia – no olvidemos que antes de profesores o alumnos somos personas – y eso se consigue permitiendo la intervención de cada grupo y considerando sus propuestas. Haciendo sentir parte del todo. Esto es extrapolable a la empresa y al conjunto de la sociedad. Sentirnos valorados para sentirnos parte y poder aportar.

La perspectiva que comenta Bolívar sobre la idea de identificarse con la institución a fin de implicarse con ella para su mejora es clave.

Una persona que se niega al aprendizaje habla mucho de ella misma. No hablo de los alumnos que, por las características propia de su edad, no ven en ir a la escuela la importancia que tiene, más bien lo ven como una privación de libertad. Quizás esto también es algo para tener en cuenta. ¿Por qué tienen esa sensación? Podríamos decir que, claramente, porque todo lo que represente una responsabilidad, una obligatoriedad, molesta. Pero, se me ocurre ir más allá, y seguir en la comparativa empresa-escuela. No es lo mismo un trabajador/a que va a una oficina o fábrica y siente absolutamente la alienación de su trabajo, que otra persona que va a trabajar en un ambiente acorde a su personalidad y a hacer algo con lo que se identifica. Ambos tipos de trabajador ejercen una responsabilidad, pero lo viven de una manera muy diferente. Si tratamos a los alumnos y alumnas como trabajadores y trabajadoras podríamos hacer la misma comparación. ¿Cómo actúa tu escuela? Así te sentirás.

 

Los veinte años de diferencia que separan el texto y este comentario creo que son también determinantes en cuanto a la perspectiva empresarial que se compara. En aquel momento se empezaba a incluir esa nueva perspectiva más integradora, humana y social, pero no era, ni de lejos, el mismo paradigma que hay ahora, con grandes redes de cooperativas y visiones distintas de economía, con otro prisma, poniendo a las personas en el centro y no al capital. Economía Social y Solidaria, Economía del Bien Común, Economía Circular, son conceptos que ahora tienen mucho más peso, pero que van en la línea que ya expresaba Bolívar, de participación, colaboración y aprendizaje. Y las empresas están incorporando esos conceptos a su propio sistema, modernizándolo y adaptándose a la demanda de una sociedad más sensible y consciente de sus acciones y sus repercusiones al entorno.

Creo que es evidente que las escuelas un día se transformaron en lugares de formación de trabajadores, no de desarrollo de personas, y esto vino con la necesidad de dar respuesta a las necesidades de las empresas ante la modernización tecnológica, si queríamos estar en línea con Europa especialmente. España sufría un retraso considerable debido a la precaria educación de la época dictatorial.

 

Ahora, tras un largo proceso de evolución del sistema educativo español, se está queriendo volver a ese origen de identificación con la organización y el trabajo realizado, es lo que ocurre con los centros de trabajo y, por ende, en las escuelas. Porque ambas organizaciones se interrelacionan, conviven y son permeables a lo que ocurre en el entorno social, público y privado, local y global. Y de ahí surgen las dinámicas libres, sin libros, potenciando la creatividad individual y guiando su expresión en la forma que al alumno se le dé mejor. Es decir, poniendo atención a la diversidad y no potenciar un modelo homogénico.

 

Para acabar, señalar que, en la actualidad, mayo del año 2020, se ha aprobado una nueva ley bajo un gobierno socialista en coalición, de reforma del actual sistema educativo. Se trata de una nueva ley de educación (Lomloe; Ley Orgánica de Modificación de la LOE), que revertirá la norma en vigor, la polémica Lomce o ley Wert, aprobada por el PP (Partido Popular) en 2013.

Esta nueva ley (LOMLOE) se centra en la búsqueda de la excelencia de los resultados del alumnado, en la adquisición de conocimientos por competencias, integrar la diversidad, reducir la segregación por cuestiones socioeconómicas haciendo que haya un equilibrio mayor y no se deriven principalmente a las escuelas públicas el alumnado proveniente de familias con menor capacidad económica, la mayor participación del consejo escolar (integrado por familias y docentes) y el aprendizaje y formación del cuerpo docente.  Entre otras muchas medidas, algunas más acertadas que otras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *